viernes, 11 de octubre de 2013

Mentira


La mañana del 31 de diciembre, nos trajo un impresionante rayo solar. Decidí que debía levantarme temprano y aprovechar ese sol. Aunque me moriría de sueño por la tarde. Esos días eran de descanso. No tenía trabajo, por que pensé cambiar de aires, ya aburrido de lo mismo. Esperaba un 1996 mucho mejor.  El ambiente navideño, con el cual recibíamos un año nuevo.. tal vez con esperanzas. Una radio a todo volumen, hacía que este día sea muy placentero. Se aprovecha tiempo, en salir a pasear, y así escapar de la rutina de acompañar a tus padres, en la preparación de la cena que por la noche, iba a ver. Unos saludos gratos de los vecinos. Te preguntaban ¿qué planes para la noche? ¿cómo es? Ya veremos.. con una sonrisa. Solo escribía unos reportes, para un periódico local. De un tiraje corto. No me consideraba un genio de la pluma, ni el papel, pero sabía que podía dar más. Por eso esperaba ese año con fuerzas.

En la loza deportiva de mi barrio (a unas diez cuadras de casa) se preparaba para un reventón enorme. Toda la gente se alistaba para recibir con mucha diversión ese año nuevo. Todo era un color amarillo.

Por la tarde, fuí a comprar los panetones donde don Zacarías, el dueño de la panadería del barrio. Llevaba toda la vida ahí. Siempre hemos comprado ahí. No había otro lugar. Le pregunte por Alfonso, su unico hijo varón. Tenía 2 hijas mayores. Con él no eramos muy amigos, pero lo conocía por el barrio y el colegio. Le sacaba tres años de diferencia.
-No esta, pero hoy es su cumpleaños, cumple 18!
-Si, me comentaron, por eso quería saludarlo.
-Seguro salió a ver su jerma, no lo he visto en todo el día.
-¡Ah ya! si, tiene derecho a celebrar... bueno si no lo veo hoy, le da mis saludos.
-Claro Daniel, claro, pero vienes para tomarnos unas chelas.
-Ah, claro puede ser... ya lo vemos. Nos vemos don Zaca.
-Nos vemos.

En casa, con mis hermanos, disfrutamos del resto del día, siempre escapando de los quehaceres que estaba a cargo de mi madre, que a pesar de sus llamados, supimos amagar. Afuera de casa, siempre hay fiesta. Así como en todo lugar. Comentamos sobre ello. Nosotros siempre hemos disfrutado de esas fiestas en casa. Rara vez, hemos salido más allá del barrio, pero al pasar los años, ya un poco que se perdían esas costumbres. Todo preparado para la noche. Solo es cuestión de esperar la hora.


ALFONSO

Alfonso, era un muchacho muy menudo, bajo de tamaño, pero muy bueno. No eramos grandes amigos. Siempre coincidíamos en el colegio. Yo estaba en 5º y él en 2º. Como era costumbre, todos los alumnos del barrio que vivíamos cerca, nos juntábamos. Hacíamos "chacota" brava. A él lo vacilaban por ser el hijo del dueño de la panadería. ¡Oye súper pan! Él se molestaba pero le causaba mucha gracia. Desde pequeño ayudaba a su padre, y es por eso que al acabar el colegio se dedico a tiempo completo a ese trabajo. Algunas veces lo encuentro con sus amigos (muchos del colegio) tomando alcohol. Nos saludamos, pero solo eso.

1 de enero

Al llegar la medianoche, recibimos el año nuevo, como siempre. Nos acostumbramos a recibir y pasarlo en familia. Y luego ya se vería. A casa llegaron, los vecinos, amigos y uno que otro familiar más departíamos grandes momentos, y copas de champagne.

2:00 a.m

José, mi hermano mayor me anima a ir a aquella fiesta en la loza deportiva. Aunque hay muchas jaranas fuera. Al animarme, nos íbamos saludando a la gente, que se nos acercaba a desearnos un buen año. La bulla con esa música estridente, de esos parlantes que necesitaban un buen balance, hacía que la gente celebre a lo grande.

Ahí estaba "el gordo" un conocido que vivía en el barrio vecino. Estaba presente, puesto que era el cumpleaños de Alfonso. Junto a él sus demás amigos, muchos de ellos eran del colegio. El "gordo" ya tenía una fama de achorado, a pesar de su imagen de persona buena. Libaban licor, en cantidad. Era el más alegre de todos. Alfonso, llego y era el más esperado. Aclamado en su llegada. Nos saludamos, por año nuevo, y de paso lo felicite por sus 18 años. A su lado estaba Anahí, su enamorada. Muy sería ella. No hablaba mucho, la conocía de veces en que iba a la panadería a comprar, y estaba ahí con Alfonso. Él ya estaba con tragos encima. Había estado celebrando con su familia. Me hice a un lado, y empezaron a tomar en demasía. A el "gordo" le pareció bien que me fuera. Nunca me cayó bien, y yo a él también. Me despedí de ellos. Ya nos veremos, mañana.

Departía con los amigos, y los vecinos. Pero no me sentía a gusto. De verdad. Quise irme, pero al final decidí quedarme ahí. Ver como la gente bailaba y se emborrachaba, en esa noche siempre me pareció curioso. Pasada unas horas, unos se iban y otros llegaban. En un momento Alfonso, su enamorada y sus amigos, se iban a otro lugar. 

Se fueron a la "Huaca" centro de esparcimiento que esta al lado de la Huaca (un cerro protegido por la municipalidad, que se encuentra muy cerca de ahí, de la loza deportiva. Ahí había otra fiesta, más grande aún, pero ya había poca gente en ese lugar.

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Siendo las 4 de la mañana. Ellos quienes deseosos de celebrar los 18 de su amigo Alfonso. Se les ocurrió levantarlo en hombros. Alfonso ya estaba muy bebido, Anahí, no se le separaba por nada. El "gordo" era el artífice de las ideas que se le ocurrían al grupo. Entre 10 chicos, luego de levantarlo, lo empezaron a mantear, vitoreando su nombre, y a cada manteada, vitoreaban el numero, hasta llegar al numero 18. Alfonso, no deseaba eso, pedía que lo bajaran ya que estaba muy bebido. La cabeza se le iba. Era su primera gran borrachera. Los suplicios de Anahí, no le importaban al "gordo" que se vacilaba con aquello.
Las manteadas iban rápido...
-Bajenme mierda!- exclamo Alfonso..
-Tres! Cuatro!.... - Las risas de los amigos encabezados por el "gordo" hacían inútiles, los ruegos de Alfonso... Y llego el 18.. Al "gordo" no se le ocurrió mejor idea que hacer un guiño a sus compañeros y estos lo soltaron en pleno aire. Alfonso cayó. En la huaca, juegan muchos niños, más aún en verano. La cabeza de Alfonso fue a dar contra una piedra. Se golpeó la sien. Un fuerte golpe. Alfonso no se levantaba. Los amigos borrachos atinaron a reír, sin saber lo que había ocurrido. Lo soltaron, y dieron media vuelta. La broma, les pareció genial.
-Alfonso! Alfonso!- grito Anahí. 
Él no despertaba. Al ver la sangre que empezó a derramar. Anahí estallo en llanto, y solo llamaba al "gordo" para que auxiliara a su enamorado. Los amigos, y curiosos se acercaron. La música seguía. Alfonso no despertaba. No había ayuda necesaria que lo reanimara. Unos de sus compañeros, se acerco, quiso despertarlo, le golpeaba la mejilla. 
¡Hey huevón! ¡Hey "super pan"!

El temor invadió en la mayoría de ellos, que se hicieron los desentendidos. Los amigos huyeron, dejando solo al "gordo" quien no se atrevía a hacer nada. Miraba atónito. Luego de un rato, estallo en llanto. Anahí, no sabía que hacer. Todo parecía una pesadilla. No llegaba ambulancia alguna. Es en ese rato, que llego la policía. Llamada tal vez por un vecino de ahí. Ellos atendieron a Alfonso, pero él estaba muerto. Anahí no lo creía. Entro en crisis de nervios, y solo rogaba que trajeran una ambulancia. Esta llego, pero solo para llevarse el cuerpo. La gente creo prudente irse a sus casas. La policía quise buscar ahí mismo a los culpables, y a los testigos. Ante la huida de ellos, solo estaba ella. Mientras la calmaban, les preguntaban a algunos, pero solo respondían que no sabían mucho, ya que era un grupo que estaba un poco alejado del resto.  No contaron más. Eran del barrio vecino.

Camino a casa solo, me topé con unos cuantos de los muchachos. Estaban muy nerviosos. Y en eso Damian, se me abalanzo, me abrazo fuertemente. Quise hacerlo a un lado, ya que estaba muy bebido.
-Daniel! Daniel! Alfonso se murió huevón, esta muerto.
-¿Qué mierda dices?
-"Gordo" conchasumadre, por su culpa lo soltamos.
-¿Qué dices? no te entiendo, huevón.
-En la huaca! allá.
Entonces el otro que iba a su lado más calmado, me dijo lo que había ocurrido. Les pedí que me acompañaran, pero no quisieron. Damian seguía llorando. Me fui rápido hacía ese lugar. No esta tan lejos. Cuando llegué ya no estaban. Algunos policías, seguían preguntado a los que quedaban. Me les acerque, y me preguntaron quien era. Les dije que era amigo de Alfonso. Me preguntaron si sabia algo sobre lo que había sucedido. Les conté, lo que me contó Damian. Me indicaron el lugar, donde se llevaron a Alfonso. No quise ir, pero fui, no se por qué. Entre con miedo. Pero solo al dar unos pasos, me impidieron el acceso. Espere un rato. Ya amaneció.


Cuando el "gordo" se sintió solo, se fue a un lado de esa huaca, estaba aterrado. Lo siguió Adrían otro compañero del colegio. Solo atinaba a repetir !la cagué! ¡la cagué!

El rumor ya estaba en todo el barrio, y en los barrios vecinos.

La noticia para don Zaca, fue desastrosa. Sus hijas y esposa estaban a su lado. Anahí, no se calmaba aún. Y la policía necesitaba de su declaración. De los chicos, no se sabía nada. Llegue a casa, y mi familia ya sabía lo sucedido. Pero no entendían que pasaba. Alfonso no era muy amigo nuestro, pero sentíamos una gran pena.

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Era las tres de la tarde del 1 de enero y al pasar por la panadería era desolador. Estaban velando ya a Alfonso. Entre. No me atrevía a acercarme a don Zaca y su esposa. ¿Qué podría decirles? Entonces ahí, Anahí al verme se abalanzo sobre, y me exclamo :¡Fue el "gordo" el "gordo" él lo mato. Esas palabras hicieron que todos se fijaran en ella. Don Zaca se paro en ese instante, y le pregunto ¿cómo fue? dime por favor. La policía que estaba ahí, tomo recién la declaración de Anahí. Allí contó todo. Al detalle. Ellos se me acercaron. Preguntaron si los conocía. Había sido un juego, un accidente. Pero Alfonso ya no estaba.


El asunto no quedo ahí. No podía quedarse ahí. Tras una investigación, se entregaron voluntariamente todos ellos, excepto  el "gordo". Pero lo hallaron en la casa de una tía. El siempre se negó de su culpa. Era un accidente.  Quedaron libres de culpa. Pero Alfonso ya no estaba. Escribí una nota en el periódico. Quizás mi ira, mi furor ante ese hecho, hice que escribiría muy mal del "gordo"  Uno de sus vecinos, me contó que siempre fue así, pero no llegaría a ser un asesino. Y me dejo esta anécdota.

  "Había un perro, en el vecindario que era muy bonito, de raza. Ese animal, era el engreído del barrio, el "gordo" lo quería para él. En su afán de eso, un día se le acerco, y el perro estaba cansado, no quería jugar con él. El "gordo" con ira lo pateó de mala manera que medió mato al perro. Quiso escapar pero yo lo vi, lo abrazo, disimuladamente, se metió por un pasaje del barrio. Lo seguí, y entre unos arbustos lo quiso quemar. ¡"Gordo"! gritamos. Él se fue corriendo. Quizás, si no estaba Anahí esa noche, tal vez pensaría hacer lo mismo."

No creo que hubiera llegado a este extremo, si no estuviera Anahí. Pero ese accidente le costo la vida, a un amigo de siempre. Tras ese reporte que escribí, algunos le recuerdan, ese hecho. Le gritan: "gordo asesino" tu lo mataste... él solo responde: ¡Mentira! ¡Es mentira! No se si habrá sido un alivio, para la familia. Anahí tenía un mes de embarazo. Alfonso iba a ser padre.

Han pasado muchos años de eso. Me miro siempre retante, con el "gordo". Me cae mal. Damian y los otros siempre me saludan. Les quedo marcado siempre esa noche. Cuando compro pan donde don Zaca, no nos acordamos de ese asunto. Pero él ya no es el mismo. A veces cuando atiende lo acompaña el pequeño Alfonso. Otras veces Anahí.
-Hola Don Zaca!
-Hola Danielito ¿cómo vas?
-¿Lo mismo de siempre? 
-Y no va a ser...
-Nos vemos Don Zaca.
-Chau Danielito.




miércoles, 2 de enero de 2013

El perro de aquel circo


Ya va a amanecer, y Alvaro sigue despierto, se le fue el sueño desde las tres de la mañana y ya no puede conciliar por más que intenta. Siempre le paso desde pequeño. Solo puede quedarse despierto y recordar esas historias que ha vivido desde siempre...


ALVARO Y ESE RECUERDO

Mes de agosto, ya se habían acabado las vacaciones de fiestas patrias. Eran las cuatro de la mañana y a Alvaro se le fue el sueño. Y siempre a las siete su madre lo levantaba para que vaya al colegio, que por cierto estaba tan cerca de su casa. Se paro y empezó a dar vueltas, por el dormitorio sin hacer mucho ruido, y no levantar a sus hermanos. Entre cada paso que daba, iba pensando y repasando lo que estudio.

Llego la mañana, y Alvaro muy desvelado se fue al colegio. Al entrar se encontró como siempre, con sus "causas" como él les llama a sus compañeros. .
-Pucha! que brava la profe para dejarnos tarea para vacaciones- les dijo Ernesto a todos.
-Si, y encima, nos dejo como mínimo 20 hojas de oraciones en ingles, ches!- dijo Alvaro..

¡Buenos días chicos! ¡Buenos días señorita! 

Todos veían asombrados a su maestra, pues traía por primera vez, anteojos.

María Isabel, es muy linda y tierna, pero a veces tiene su genio. Era la maestra de los chicos. Empezó a pasar lista antes de clases, como siempre lo hace. Llamo a Mariana Arriaga, al ser la primera de la lista. A Alvaro lo molestaban con Mariana, ya que él insínuo una vez que le gustaba. Y eso fue el punto que ellos necesitaban para fastidiarlo. A él ya no le importaba. Pero ella se ponía roja de vergüenza.
-Ya chicos, paren un poco- les pidio María Isabel.

La maestra llamaba a cada uno de los chicos, a su pupitre. Eso era motivo, por que los chicos hacían de las suyas, mientras no había clases. María Isabel, les preguntaba como les fue en esa dos semanas de vacaciones, y si se diviertieron.  Uno por uno, fueron pasando por el pupitre de María Isabel. Algunos sonreían por que les fue bien, otros no. Llego el turno a Alvaro. El chico que nunca se ponía serio. Siempre se reía, por cualquier cosa. Y eso lo notaba siempre María Isabel. Ella nunca lo decía, pero le caía bien. Alvaro, no es muy aplicado, pero es muy noble y eso le agradaba. Cierta vez cuando toco elegir a los polícias escolares y el brigadier del salón, quiso que Alvaro ocupe un cargo, pero él se reía de todo. No podía ocupar ese puesto, si se ríe de todo.
-¿Cómo te ha ido en estos días?-pregunto María Isabel.
-¡Bien señorita!
-¡Ah! me parece bien, pero que has hecho, cuéntame.
-¡Ah!
Entonces en ese momento, la charla de María Isabel y Alvaro se ve interrumpida, por el director del colegio que apareció con un muchacho, que parecía conocido para los chicos. Pidió permiso a la profesora, para dirigirse a los alumnos. El director, les dijo que Pedro, el muchacho que vino con él, era el dueño del circo que hace poco estuvo al lado del colegio dando funciones. Los chicos, lo reconocieron al instante, ya que también hacía un acto...
-Bueno chicos, les parecerá un poco gracioso, pero el motivo de nuestra visita es por qué, Pedro al irse con su circo, dejaron olvidado por casualidad a su perrito, y no lo encuentra, y le dijeron que lo vieron días después fuera del colegio. El perrito esta un poco enfermo, y la hermanita de Pedro lo extraña, por eso quiero que si alguno de ustedes saben sobre su paradero nos avisen, para que su hermanita -señalando a Pedro- este más tranquila, ok chicos.
-¡Si director!- exclamaron al unisonó.

Se marcharon de ahí. El rostro de Pedro, mostraba tristeza.

María Isabel, miro a Alvaro y a los chicos.
-Ustedes fueron al circo?
-Si señorita! 
-¿Y vieron algún perro?
Todos no supieron responder. Algunos dudaban, unos trataban de recordar. Pero nadie era capaz de decir si. Pero Alvaro que estaba a su lado, le dijo..
-Si señorita, yo vi que Pedro tenía un perro ya grande de color negro. Lo tenía a un lado, llevaba soga al cuello, pero no parecía amarrado. 
-Ah, pero el chico es el dueño del circo, como dijo.
-Creo que si, pero él también actuaba.
-¿También actúa y qué hace?
-Si, hacía de hombre goma, se movía y metía la cabeza por las piernas.
-¡Ah si!- exclamo María Isabel disimulando su sonrisa.
-Si, señorita- dijo Alvaro, mientras sonreía al verse reflejado en los anteojos de su maestra.

María Isabel, quiso parar esa charla ahí y seguir con lo suyo.
-Ademas Pedro, en los entretiempos que hacen en la función del circo, sale con los demas del circo, y venden los caramelos, canchita y jueguitos que hacen ellos- Siguió Alvaro.
-Pero no dices que es el dueño- dijo María Isabel.
-Si, señorita, pero también sale a vender.
-¿Y cuantas veces, has ido al circo?
-Dos veces nomas, es que mis padres, no me dieron más dinero para ir.
-Claro te gusta ir.
-Si y más por los payasos que me hacen reir.
-Tu cuando no.. riéndote; Ya bueno ¿como te fue en estos días? 
-Bien, la pase con mis hermanos y amigos jugando al fútbol.
-Pero habrás hecho las tareas que te deje ¿no?
-Claro pues señorita.
-Ah muy bien... y ¿ahora por que te ries?
-Es que me gusta verla con anteojos.
-Es que no veo bien, ya lo sabes.
-Si se ve bien, pero me gusta ver así sus ojos.
-Ah ya.. no empieces Alvarito-Y dio por terminada su charla con Alvaro, y llamo al siguiente.

Alvaro se sentó al lado de su compañero de carpeta, Nelsón. Empezaron a charlar sobre el perro. Alvaro lo recordaba. Pero Nelsón que vivía por ahí cerca, no recordaba haber visto algún perro de color negro abandonado. Tal vez los siguió y se perdió en otro lugar, dijo el compañero de atrás. Pero si ellos tenían unas camionetas viejas, y si el perro estaba  enfermo por que no lo llevaron en una de esas. Se preguntaban ellos. María veía como cuchicheaban, y les pedía silencio. Pero ellos seguían en su charla. Al terminar María Isabel se dio cuenta que ya se acercaba la hora del recreo. Empezará  su clase, ya luego de este. Al salir los chicos de ahí. María Isabel llamo a un lado a Alvaro y le pregunto.
-¿De verdad me quedan bien los anteojos?
-Si señorita, la hacen más bonita.
-Es que a mi me parece que me hacen vieja- decía y disimulaba la sonrisa ruborizada.
-De verdad, profe, a mi me parece linda.
-Es que a mi enamorado, no le gustan- respondió sin saber, como llego a esta conversación.
-Seguro es de envidia, él seguro también los usa y le quedan mal.
-No, él no usa, pero me dijo eso.
-Si.
-Bueno Alvarito, gracias por tu sinceridad, vete a jugar con tus compañeros.

María Isabel tiene 23 años, y Alvaro y sus compañeros son sus primeros alumnos, desde que logró una plaza en el magisterio. Ella es feliz, esta enamorada.

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En el patio del salón Alvaro y sus compañeros, quienes se disponen a jugar, se dan cuenta que en un rincón se encuentra Pedro, el dueño del circo. Es muy joven, para ser el dueño, pero es así.  Sin pensarlo, se acercan, y hablan con él. Sigue triste. Empezaron a preguntarle muchas cosas. Pedro, empieza a responder, con una tristeza. Pero le conforta ver que los chicos se preocupan, más aún por su hermanita.
-Se llama "Carbón", y lo tengo desde chiquito- Pedro dijo a los chicos.
-Ojala y aparezca.
-Si, por que ya lo hemos buscado por todos lados, aquí arriba-señalando un lugar- en Santa Luzmila, lo hemos buscado, y también allá por Los Olivos. Pero me dijeron que lo vieron en la puerta del colegio.
-Si yo lo vi hace unos días- dijo Alvaro, tratando de animar a Pedro.
-¡De verdad!
-Si, lo ví.
-Espero que este cerca, quiero ver ya a "Carbón". 

Se despidieron de Pedro, y volvieron al salón de clases. Ahí los esperaba María Isabel. El resto de la clase, solo se dedicaron a charlar sobre muchas cosas. Su maestra les contó lo que vivió en sus vacaciones. Les dijo que no se divirtió mucho, ya que estuvo preparando las clases para este semestre. Hizo una charla amena, junto a sus chicos. Cuando se acabo el día escolar, les pidió dejar todo arreglado para el turno entrante...
-Chau chicos, hasta mañana.
-¡Chau señorita, hasta mañana!
-¡Hasta mañana Alvaro!.
-¡Hasta mañana señorita!.

Alvaro y sus compañeros llegaron a sus casas, y con la misma se fueron  otra vez a la calle. Explicaron a sus madres el motivo. Ellas entendieron, algunas no. Los chicos se fueron a ayudar a Pedro a buscar a "Carbón" Recorrieron las calles, de todo el pueblo, pero el perrito nunca apareció. Tras cinco horas de busqueda, acabaron por rendirse. Se fueron a casa tristes.

En casa, la tristeza de Alvaro es notada por su madre pero no sabe que decirle. Mientras esperaban a su papá, para cenar. Al llegar del trabajo, siempre se reúne con ellos y conversa como les fue el día. En la cena, su papá ve a Alvaro, y le pregunta el por qué esta así. Él le cuenta todo. Su padre le consuela diciendo   que ya aparecerá. Al irse de la mesa, después de agradecer a Dios y a sus padres, por la cena,  Alvaro se dirige al salón. En ese momento, su papá se dirige a su mamá.
-Pobre Alvaro, y pobre Pedro, creo que ese perrito, por lo que me contó como es, creo que lo atropello un auto, hace unos días, vi al perrito ya muerto, cuando me fui a trabajar.
-Pobre, si es mejor que no le hayas contado nada, se iba a poner más triste.
-Si era mejor.

Pero ellos no se dieron cuenta que Alvaro, sin querer los escucho. Aquella noche, Alvaro no pudo dormir. Se sentía tan triste. No fue al colegio al día siguiente.